sábado, 6 de diciembre de 2014

Jodido Jueves: El comienzo (parte I)

Antes de nada, quería agradeceros a todos el apoyo que he recibido de vuestro lado, los ánimos con el blog y las muchas ganas de leerlo que me habéis demostrado, que me dan a mi las ganas de seguir escribiendo.  Y deciros también que los comentarios siempre hacen una ilusión tremenda, y que agradezco mucho que los pongáis en anónimo para ayudar a mantener la intención de anonimato, pero ponedme alguna pistita para que sepa quienes sois y poderos contestar! E iros animando a comentar; aquí va el segundo post. 

¡Menuda-semana! Señor.

En principio quería que mi siguiente post fuera en referencia a orientaros un poco sobre cómo fueron mis primeros pinitos en Londres (y mis ligues, por supuesto, que siempre son mi manera de dejar rastro). Peeero es que cuanto más me atrase, más cosas van pasando, y, sinceramente, creo que este jueves merece ser pasado a la posteridad como "El Día del Imbécil". Y las demás historias.. ya irán saliendo ;)

Os voy a contar por qué nunca se debe cabrear a una mujer con la regla. 

Resulta que mi jueves estaba yendo de puta madre; tuve una mañana de ventas super buena y con muchísima energía, la argentina REPELENTE de mi curro no nos honraba con su presencia aquel espléndido día y, después del trabajo, me dirigí a mi habitual cafetería en la que estudio unas horitas antes de volver a casa.

Este café al que voy tiene su pequeña historia en realidad: Lo descubrí hace un par de meses, cuando vino mi familia un finde a verme, y fuimos allí a tomar un café en un sitio típico, mientras les enseñaba Londres. Recuerdo que entramos mi hermano y yo a pedir y él empezó a hablar en Español con esa sensación de inmunidad que tienen aquí los españoles como trastorno común, el “Bah, si aquí nadie me entiende”. Y algo estaba comentando cuando le dije “Ten cuidado, que aquí hay mucha gente española” y el barista que estaba haciendo los cafés de espaldas a nosotros, nos miró, se rió y nos dijo “hola” jajaja. Situación típica londinense #33.
En esto que hace un par de semanas me topé accidentalmente con un calendario y me di cuenta de que los exámenes están a la vuelta de la esquina y de que el tiempo que tengo no sería suficiente para todo lo que tengo que estudiar ni aunque lo duplicase, así que decidí que tenía que ponerme MUY seriamente, y estuve valorando las posibilidades:
-          1) Ir a casa directa y estudiar lo que pudiera en la cocina (porque en la habitación no tengo mesa ni nada) hasta que llegara la gente a cenar. INCONVENIENTES: para cuando llego a mi casa son, por lo menos, las 5. Entre que me pongo, cojo algo de merienda, empiezo, un cigarrito, etc.. pierdo media hora. Y a las 8 Cristina entra por la puerta y la paz sale por ella, y se ponen toda la familia a cenar. Por lo tanto, tiempo dedicado al estudio: 2 hs y media. Cundidas realmente... hora y media

-          2) Ir a una biblioteca después del trabajo. INCONVENIENTES: Primero, que cierran a las 7 de la tarde y, Segundo, que si no me estoy tomando un café mientras estudio, después de toda la mañana currando, caigo roque. Por lo tanto… inviable.


--          3) Encontrar algún café a menos de diez minutos del trabajo, y estudiar allí hasta las 8 e irme a casa para cenar, ducharme y dormir. Sin duda la más viable. INCONVENIENTES: los 6 pounds en cafés que me cuesta la tarde estudiada. INNUMERABLES VENTAJAS: Primero, que está en el lugar en que cambio de autobús para volver a casa desde el trabajo; segundo, que hacen unos cafés alucinantes (foto de testigo); y tercero, que desde que volví allí estaba el chico español, y ha resultado ser muy majete. El chaval tampoco es nada del otro mundo: alrededor de los 30, cuerpo estándar, cara de buen tío, barbita sexy, acento malagueño y, cuando lleva el traje con su americana azul.. he de confesar que se me caen las braguitas al suelo. Notese que los últimos tres puntos son MUY sexys, pero no puedo decir que se me caiga la baba ni nada por el estilo, simplemente me acerqué a hablar con él porque me encanta conocer gente y charlotear.. y no estudiar. (Y bueno, vale, que el chico no está mal) Pero tampoco habíamos hablado mucho hasta este jueves, que nos fumamos un cigarrito y hablamos algo más . El viernes yo estaba super cansada y fui al café para echarle un par de horitas al estudio antes de salir, pero me encontré a Fran, así se llama, en la entrada (normalmente a lo que yo llego él se va) y al final nos quedamos las dos horas de cháchara; antes de irse me sacó un café con su descuento del 40% y me dijo de ir algún día al cine, que le sale gratis, porque la cafetería es parte del cine y también trabaja allí (y de ahí sale ese maravilloso traje con americana azul que os comentaba que le arrancaría a mordiscos. Problemillas de los trajes). No digáis nada.. yo también noto como se va encaminando esta historia. Todo aquel que me conoce, sabe que yo cuando estudio, tiendo a ligar. Bueno vale, en realidad siempre tiendo a ligar en cualquier contexto, pero en las bibliotecas tengo un peligro tremendo; casi siempre acabo una época de exámenes con su correspondiente historia masculina.



Bueno no me enrollo más, jueves.
Pues al salir del café me fui a esperar al autobús, tras 10 minutos (que sufrí como 20) esperando bajo la lluvia al fin divisé que ya venía y pude presenciar cómo el HIJO DE LA GRAN PUTA se acercaba y paraba en la parada justo anterior, en vez de esperar porque tenía autobuses delante ocupando la suya, abría (obviamente nadie entraba porque la gente lo espera en SU parada), cerraba, y adelantaba a todos los autobuses que había, pasando por delante de su parada y de mi cara de retrasada gritando maldiciones alcarreñas. CABRÓN. No pueden describirse la rabia y la impotencia que te invaden en ese momento, cuando sabes que te toca esperar al menos otros quince p**** minutos con todo el p*** frío londinense, para subirte a un p*** bus que te lleve durante, al menos una p*** hora con todo el tráfico del centro, hasta tu casa y que todo eso podría haber durado mucho menos si al c***** hijo de p*** del conductor le hubiera apetecido hacer su trabajo y te hubiera recogido en su parada. Sumemos al cabreo que era la maldita cuarta vez que me lo hacía (la tercera en estas 2 semanas) y mi pacífica monstruación. Porque sí, yo no menstrúo, yo monstrúo.


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